2007-01-17

Espectativas cerebrales



Cuando era más joven, me sentía muy motivada a imaginar viajes y aventuras en países lejanos . Los libros y revistas , por los que siempre senti gran afición me ayudaban a emprender esas aventuras, que bien podian realizarse mientras limpiaba el baño, imaginando espesas selvas amazónicas, o lavando la alfombra en la terraza, en lejanos parajes desérticos y desconocidos en los que yo era una científica en busca de un tesoro arqueológico o una aventurera espacial cruzando los parajes de un mundo acuático. TenÍa en aquel tiempo un compañero imaginario que me guíaba en estas aventuras y que además era algo asi como un compendio de lo que a mi modo de ver debia ser mi pareja: Alto, moreno , de ojos azules, llevaba un casco troyano y vestia una chaqueta de color metálico, provenía de un mundo lejano al que me queria llevar, pero al que yo no queria ir por no abandonar a mi familia. Comunmente se aparecía cuando yo me sentía más sola y escuchaba todas mis confidencias.
En fin, paso el tiempo y hoy que mi hija tiene 10 años, me veo en ella, y no quisiera que estuviera tan sola como yo lo estuve en esos tiempos, en que me vi obligada a inventar un amigo imaginario para tener con quien hablar.
Para remediar esto hoy decidí hacer algo práctico y la invite a dar una vuelta, el ejercicio nos hará bien a las dos y además encontraré un momento para conversar con ella y tratar de comprenderla un poco. Aunque debo confesar que me es muy difícil no empezar a aconsejarla y esperar que no cometa los errores que yo cometí. Sé que debe vivir su propia vida y cometer sus errores ya que nadie aprende de los errores de otros.
Empece a escribir y como siempre el título me complica, no quiero cambiarlo, me gusta, pero entre líneas puedo vislumbrar porque llame asi a este texto, a ver si más adelante realmente le encuentro sentido o lo cambio definitivamente.

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