
Esperabamos con ansia la nochebuena, todo giraba en torno a esa noche mágica, preparabamos la casa limpíandola y adornándola con esmero, mis hermanas y yo. Mi madre hacia las compras mientras trabajabamos y después de un almuerzo ligero, preparabamos la cena de nochebuena.
Cerca de las 8:30 de la noche, bañados y arreglados, partiamos, mi padre, mi madre y mis hermanas a la Parroquia San Vicente de Paul, en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, para celebrar la misa del gallo. Todos nuestros amigos y conocidos se reunian allí. Padre Helmut Rieger celebraba, con su natural humor, una alegre ocasión.
Recuerdo con nitídez esos momentos, luego ya en casa cenabamos y compartiamos regalos, pequeños obsequios, muestras del amor familiar.
Guardo esos momentos con verdadero cariño, el tiempo me los trae a la memoria hoy en que quisiera que mis hijos tambien vivieran momentos felices como aquellos que yo viví.
Si bien es cierto, nunca me lleve bien con mi madre, el regalo más preciado que de ella conservo es la posibilidad que me dio de conocer a Dios y de practicar mi fe
Cerca de las 8:30 de la noche, bañados y arreglados, partiamos, mi padre, mi madre y mis hermanas a la Parroquia San Vicente de Paul, en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, para celebrar la misa del gallo. Todos nuestros amigos y conocidos se reunian allí. Padre Helmut Rieger celebraba, con su natural humor, una alegre ocasión.
Recuerdo con nitídez esos momentos, luego ya en casa cenabamos y compartiamos regalos, pequeños obsequios, muestras del amor familiar.
Guardo esos momentos con verdadero cariño, el tiempo me los trae a la memoria hoy en que quisiera que mis hijos tambien vivieran momentos felices como aquellos que yo viví.
Si bien es cierto, nunca me lleve bien con mi madre, el regalo más preciado que de ella conservo es la posibilidad que me dio de conocer a Dios y de practicar mi fe

No hay comentarios.:
Publicar un comentario